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jueves, 8 de julio de 2010

En los desfiladeros del estereotipo, el prejuicio, y su travesía hacia la construcción de la masculinidad

Fuente original en la web de la organización pública Desarrollo integral de la familia DIF del estado de Guanajuato, México
AUTORA: JIMENA SILVA SEGOVIA [1] ANTOFAGASTA, CHILE, 2008

Introducción: Refrescando la memoria
El primer autor que usó el concepto estereotipo desde una perspectiva clásica y con el sentido que actualmente posee, fue Walter Lippmann. A principios del siglo XX aparece su primer estudio sobre Opinión pública. Lippmann, buscaba producir conocimientos sobre el mecanismo de componer páginas de periódicos. Cuando establece dicha comparación equipara la estereotipia a un proceso que, aunque móvil, es eminentemente rígido: modificar páginas compuestas mediante la estereotipia no es imposible pero es una tarea ardua, compleja y sumamente costosa. Así también suele ser el trabajo de vencer los estereotipos mentales arraigados en las relaciones sociales, sobre la ubicación de hombres y mujeres en los distintos campos sociales asociada a cuotas de mayor o menor prestigio.

Las instituciones dominantes incluyendo los medios de comunicación, y en especial los audiovisuales (cine, televisión y publicidad), se han ido convertido en poderosos dispositivos de control social, generadores y difusores de estereotipos, a la vez, socializadoras con un peso específico en la perpetuación de las diferencias. (comentar publicidades de cerveza y ace) Así mismo, tienen asignado un rol significativo en su hipotética modificación. Estas instituciones generan códigos distintivos jerarquizados de lo que es aceptado o rechazado. El lugar de lo pasivo o lo activo en las relaciones sociales.

Estas relaciones son dinámicas, circulan acciones y reacciones que las modifican constantemente. Frente a la emergencia de sujetos sociales innovadores (mujeres en el poder, hombres negros en puestos de jefatura o líderes políticos, homosexuales con derechos civiles, etc), los estereotipos operan y se activan como mecanismo de defensa frente a lo que rompe con lo que el statu quo dominante pretende o ficciona (mujeres en los privado, hombres en lo público, grupos étnicos invisibilizados y silenciados. Estos funcionan con mayor frecuencia como actitudes o acciones de carácter negativo (relacionados con los extragrupos, es decir, l@s otr@s) que los de carácter positivo (propios del intragrupo, nosotr@s, generando violencias (femicidios, agresiones, insultos, exclusiones).

Prejuicios, estereotipos y discriminación
La relación entre prejuicio, estereotipo y discriminación, como conceptos es muy estrecha. Este modo de abordar la relación existente entre estos términos parte de una concepción clave: se encuentran íntimamente articulados al concepto de actitud en sus tres componentes: cognitivo (lo que he aprendido de mi lugar en el mundo), afectivo (el miedo o el sentimiento de amenaza que me provoca) y conductual (mis reacciones frente a los cambios o situaciones nuevas). (Mostrar publicidad española de axe).

Función de prestigio
Prejuicios y estereotipos son fundamentales para la socialización de género y la construcción del elemento simbólico de prestigio que cada sujeto adquiera en su contexto de acción: facilitarían la adquisición de identidad social, conciencia de inclusión, valoración y pertenencia grupal. Cada persona al aceptar su lugar en el mundo e identificarse con los estereotipos dominantes en dicho grupo, garantizaría su permanencia e integración en su grupo y la perpetuación de la diferencia. Por ejemplo, la socialización de género basada en la división sexual del trabajo, que ofrece mayores o menores cuotas de prestigio, asigna ciertos roles, y define ciertas actitudes según el sexo de quien lo desarrolla. (En distintos contextos, mientras mas diferencias existen, más tensiones se generan, en los grupos, lo que moviliza y convulsiona la sociedad, generando diversos niveles de violencias).

Ideologías de género asociadas al prestigio.
Una perspectiva que permite abrir un camino de transformación de esta división sexual de la vida social, tan arraigada de las distintas culturas, se encuentra en el trabajo deconstructivo de las ideologías de género vigentes. Esta comprende los significados acerca del valor social atribuido al macho y la hembra, lo masculino y femenino, al sexo y la reproducción en una cultura determinada. Formas de pensamiento definidas como sistemas de creencias instaladas en el imaginario social, (ideas y creencia arraigados en las mentalidades) explican cómo y por qué se diferencian los hombres y las mujeres. Sobre esa base ideológica se especifican derechos, comportamientos, roles, controles, libertades, responsabilidades, restricciones, castigos y recompensas diferenciales. Así también se valoran, su producción y su discurso dependiendo del lugar que ocupan en el escenario sociocultural (matiz de la piel, pertenencia étnica, orientación sexual, edad, etc).

En base a la circulación y evolución de las ideologías, a propósito de los movimientos sociales (guerras, revoluciones, artes, música, lenguajes etc) es posible ir modificando las relaciones masculino- femenino en el sistema social. A su vez ampliar el análisis de la circulación de los poderes en la realidad, desde una perspectiva crítica. Como categoría analítica, la perspectiva de género, ofrece visiones diferentes sobre las tensiones de la sociedad. Produce un discurso social emergente, como consecuencia de luchas y conquistas de mujeres y hombres comprometidos con la equidad. A su vez obliga a los gobiernos –de un modo u otro-, la incorporación de políticas públicas que amplían los derechos ciudadanos (sexuales, reproductivos, laborales etc). Dinámicas sociales que en la actualidad, luego de grandes crisis teóricas y de acciones políticas, van contribuyendo a la búsqueda de formas de relaciones de convivencia, que avanzan hacia la equidad.

Valores y estereotipos asociados al género
La tarea más compleja se encuentra en la modificación de los valores de prestigio arraigadas en las mentalidades e ideologías. Estos, asociados al género circulan en lo cotidiano a través del lenguaje cargados de diferenciaciones y distinciones (desde la perspectiva bourdiana) operando como dispositivo mentales de sujeción a ciertos roles, tanto para hombres y mujeres. Esta es una de las formas que adoptan los estereotipos articulados a preconceptos o prejuicios. Luego traducidos en comportamientos, se nutren en las creencias populares sobre los atributos de las personas, clasificándolas en jerarquías sociales (de mayor o menor visibilidad y valía según niveles, estratos o clases) y sobre los que hay un acuerdo sustancial o convencional., (por ejemplo hombres proveedores, fuertes, conquistadores, mujeres dóciles, obedientes o frágiles).
Todas, ideologías que reproducen conformismo y abnegación en torno a las normativas dominantes, las que se mantienen a fuerza de gratificaciones simbólicas otorgadas a quienes se manifiestan obedientes a la normativa. La constatación del cumplimento de estos mandatos ideológicos da cuerpo a lo que llamamos “normalidad”. Los normales, siguiendo a Foucault, se ubican en el bien hacer la norma, en la aceptación de las regulaciones dominantes, y les facilita la pertenencia a los grupos reconocidos como prestigiosos. Estos van presionando desde las instituciones reguladoras y educadoras, encargadas de instalar la obediencia en los sujetos.

No debemos olvidar que las personas, para ser reconocidas como tales, intentan ser coherentes con lo que el grupo social de mayor prestigio, espera de ellas ya que lo contrario supone marginalización, sanción, exclusión o locura. Por tanto encierro.

Esta trama de relaciones sociales, nos ayuda a comprender el funcionamiento de los sistemas de género, sostenidos y alimentados por diversas normativas, estructurando instituciones de control y orden (cárcel, manicomio, escuela, iglesia). En ellas, se encuentran tensionados grupos de hombres y mujeres, según su pertenencia de género y clase. Allí, en las instituciones los puestos clave de poder se distribuyen de manera vertical sin embargo éste también es poroso, entramado. De esta manera, en el manejo y control de las sociedades, entonces, se producen transformaciones, giros, y estos movimientos dependerán de los capitales cargados de poder a los que cada grupo accede (desde Bourdieu). Así también el uso de los espacios públicos, se distribuyen de manera excluyente, generando distancias entre clases, entre género y a su vez intragéneros.
Todos, conflictos sujeto-sociedad que contribuyen a la pobreza y la violencia social, que afecta a hombres y mujeres, donde la población de mayor impacto es la femenina.

No cabe duda de que ha habido un cambio gradual de perspectiva en la últimas décadas, y que los factores culturales son más frecuentemente acentuados, aunque sea como telón de fondo o como conjunto de restricciones que influencias las prácticas económicas o políticas. Considero que el problemas más complejo de nuestros pueblos se encuentra en que las representaciones culturales y el significado de los sistemas simbólicos no ha sido suficientemente problematizado, con excepción de los grupos de investigadores/as que trabajan sobre sexualidad y que empezó a tener mucho énfasis a propósito de la expansión de SIDA, y a la vez en estudios que tratan el problema de la violencia.

Precisamente son las representaciones sociales de género las que se resisten al cambio perdurando en América Latina, y alimentando estas dicotomías estereotípicas sobre la imagen del hombre fuerte y dominante y de la dócil y sumisa mujer. Ficciones, representaciones que requieren ser cuestionadas, precisamente en este siglo XXI, en que las identidades masculina y femeninas, se caracterizan, por ambivalencias, contradicciones y diversidades.
Considero que estos vacíos en las transformaciones de mentalidades en nuestros pueblos, son en gran medida responsables de la emergencia de la violencia, con término de muerte, por lo que urge trabajar sobre la comprensión de las identidades de género y especialmente las masculinas.

Machismo-masculino
Una de las representaciones más potente e inconfundible, asociadas a América Latina, es la imagen y figura del macho, y sus derivados conceptuales como machismo y machista.
Este término según las reflexiones de Enrique Gomariz, Sonia Montecino, José Olavarría entre otros, se ha mantenido en el tiempo, desplazándose por el mundo y ganado nuevos sentidos simbólicos.

Es importante tener en cuenta que a pesar de la capacidad de ubicarse en distintos escenarios el término macho e incluso machismo, no ha sido objeto de una revisión analítica contundente. Más bien ha sido utilizado de un modo automático, por constituirse en un concepto común. Es usado por todos, hombres o mujeres, para caracterizar a un “verdadero hombre” o para denigrar a un hombre “que no se hace cargo de sus responsabilidades”. También es parte de una suposición más general, es decir, se supone que todos conocen lo que es un macho y por lo tanto pareciera no requerir de más explicación.

Esta falta de interés por profundizar en la comprensión del concepto de macho da cuenta también de una falta de interés, de lo que constituye la masculinidad. De un modo más extensivo en los sentidos de las construcciones de género.
Resulta, entonces, particularmente importante que en la actualidad así como lo refleja este evento, exista una creciente preocupación, principalmente en las instituciones relacionadas con la sexualidad y la familia, por estudiar los procesos constitutivos de la masculinidad, en sus diversos sentidos, que dan cuenta que la masculinidad no está necesariamente enraizada en el término macho. Sino es una construcción tan diversa como el mismo concepto de identidad.
Más bien, en A latina, se han constituido redes de investigadores en masculinidad, tales como la red de FLACSO Chile, Perú, Argentina, Brasil, México, entre otras, que han logrado desarrollar nuevos conocimientos que permiten enriquecer las nociones de masculinidad de lo que significa ser hombre, contribuyendo a desmitificar las nociones homogenizantes, de lo que es ser un hombre latinoamericano. [2]

Una de las grandes tensiones de género y masculinidad, se encuentra entre los hombres jóvenes y mayores. Los cuales alimentan prejuicios y estereotipos al interior del género masculino. Por ejemplo aquel prejuicio y estereotipo que se dirige al hombre joven ubicándolo como despreocupado, irresponsable, como “adolescente”, improductivo, poco comprometido con los procesos sociales. Figura que en Chile se sostuvo en el dicho popular de los jóvenes: no estoy ni ahí. Y en Mèxico hacerse el Pato.

En contraposición con el prejuicio y estereotipo impuesto al hombre mayor, versus el hombre joven. Encontramos que al hombre mayor se le impone la representación del “padre”, proveedor, autoridad y disciplina. Es el adulto asentado y responsable, en oposición, a la figura del joven jugador de fútbol, figura masculina emergente que condensa el esterotipo de la masculinidad popular. Esta se encuentra asociada a simbolismos nacionales específicos, no coincide con la imagen de la autoridad y disciplina, más bien al revés es el macho, resistente, deslenguado, a veces indisciplinado y cuando llega a la cima, play boy. Sin embargo con todo, elevado y mitificado. Como ícono se encuentra amarrado a nociones de conquistas, triunfos y éxitos, que mueve grandes masas y pasiones y al cual se le perdonan los desvaríos.

Estas dos figuras se construyen en oposición, adulto-joven, generando modelos intergeneracionales tensionados y a la vez anudados. En los grupos de hombres, que no entran en este modelo se les puede generar conflictos entre poder y autoridad.
Violencias tales como el imperativo de la etiqueta, donde por ejemplo, en ese modelo de hombre, el hombre homosexual no tiene cabida. Este hombre, que puede no ser padre, ni el duro jugador de fútbol o de rugby rompe con los estereotipos y la norma de la masculinidad hegemónica.
Estos son solamente un par de ejemplos que nos permitirían entender la noción de la masculinidad falogocentrada, de la sexualidad masculina. Sin embargo, existen otras nociones, como el valor de prestigio que vincula masculinidad y trabajo. Un hombre empoderado y prestigioso en su grupo de pertenencia es aquel que posee trabajo, ya que lo articula a capitales simbólicos como el dinero, el grupo y un saber hacer con su tiempo y su cuerpo entre otros procesos.
Para construir las sociedades que queremos, con democracias plenas, y relaciones de convivencia equitativas, necesitamos reconocer a los sujetos emergentes. Es necesario explorar los diversos significados de las experiencias subjetivas de lo hombres, junto con los discurso específicos de lo femenino. Sabemos que en la socialización masculina todavía se encuentran férreamente arraigados el discursos clásicos sobre ser hombre.
Ubicados en antagonismo a la mujer. Ser hombre es no ser mujer. Lo que marca una distinción prejuiciado sobre el valor de los femenino.
En las investigaciones sobre sexualidad, nos damos cuenta que en la práctica existen tantas formas subjetivas de ser hombre que los patrones de socialización más recurrentes resultan violentos.
La mayor tensión entre los hombres, a propósito de las nociones prevalecientes de masculinidad, es la que se da entre el responsable padre/marido, es decir el hombre asentado, cuya vida se limita la trabajo y a la casa y el hombre/mujeriego, irresponsable, nómada, seductor, visible, rodeado de amigos. Este hombre además se lo asocia con los éxitos políticos y las relaciones de poder y dominio. Otro conflicto importante que se observa entre los hombres jóvenes y adultos, es que el hombre adulto observa en el joven la pérdida de la juventud y libertad y lo empuja permanente mente a que asuma un rol como ciudadano responsable y padre potencial.
Todas comprensiones de sentido tomadas de las imágenes dominantes de género, las que clasifican masculinidad o feminidad. Estas toman como parámetro central el rol, la función, la apariencia, dejando fuera representaciones alternativas y las diversidades que no logran conquistar un espacio en el imaginario social dominante.

Propuestas para el cambio social. Democracia de género.
Lograr un cambio profundo en las sociedades, significa incrementar el trabajo en los espacios mixtos, institucionales, sociales, para establecer compromisos a favor de la equidad de género. Pero sobre todo se trata de tener claro que el escenario es el del conjunto de la sociedad y no únicamente el de la población femenina o masculina.
La propuesta se funda en promover prácticas de consenso teórico, donde se comprenda que la categoría de género no es sinónimo de mujer, sino un instrumento que permite analizar las relaciones de poder. En este trabajo, el más duro que toca enfrentar es el de la violencia de género, que obstruye el camino a la equidad y la democracia de nuestros pueblos. Violencia que viven los niños-varones, los hombres-jovenes, los hombresancianos, los hombres-pobres por su ubicación en el campo y su limitado acceso a capitales.
Precisamente son las deficiencias de las democracias en las sociedades, las que producen
convivencias infiltradas de prejuicios y estereotipos.
No es mi intención desarrollar la propuesta en extenso, sólo dejar la inquietud. Esta parte del reconocimiento de la discriminación histórica de las mujeres y del reconocimiento del valor de los movimiento de mujeres. Estos lograron ubicar la problemática del género en las agendas públicas internacionales. Trata de poner en práctica la idea de que el enfoque de género incluye a todos los seres humanos, por lo que convoca a hombres y mujeres a una tarea que implica al conjunto de la sociedad.
Examina con rigor los cambios sucedidos en materia de género y entiende la acción positiva con criterios de justicia, que eviten injusticias compensatorias hacia los hombres.
En conclusión, el trabajo que debemos proponer en las instituciones de Estado que se ocupan de la protección de la familia, es un esfuerzo por la inclusión y por un perfeccionamiento de los mecanismos de negociación de los conflictos. Esta propuesta no excluye los espacios autónomos para el desarrollo pleno de mujeres y hombres, centra su preocupación en las relaciones entre hombres y mujeres y el desarrollo de toda la sociedad. Es también genero-inclusiva en el plano del enfoque metodológico con que se abordan las intervenciones familiares e individuales: incluye todas las herramientas que permitan avanzar hacia la equidad: empoderamiento, igualdad de oportunidades, trabajo con los hombres. Supone una ampliación de los criterios de formación académica de los/as profesionales que atienden estos fenómenos (juece/zas, fiscales, policías, médicos/as, psicólogos/as, etc) y su combinación depende del diagnóstico que se haga en materia de género (atendiendo las problemáticas masculinas y no solamente la situación
de las mujeres).
1 Psicóloga Social, Magister en Género y Cultura, Dra ©en Antropología Sociocultural. Docente investigadora de la Universidad Católica del Norte, Antofagasta y la Universidad Central, Antofagasta.

2 Investigaciones de importancia desarrolladas por la red de masculinidad de la Facultad de Estudios Latinoamericanos Chile (FLACSO-Chile), mientras que las investigaciones de Eduardo Archetti, en Argentina, los trabajos de Annick Prieur de la homosexualidad en México, los trabajo de Christian Krohn-Hansen en Santo Domingo, los trabajos de Norma Fuller, en Perú, sobre los hombres populares, entre tantos otros, que exploran las diversas competencias sociales de los hombres, desde distintos ángulos, interesándose principalmente en al significado local de cada grupo investigado, de la sexualidad masculina, de la homosexualidad, bisexualidad, violencia. En ese plano los trabajos de Rita Segato en Argentina, sobre las estructuras elementales de las violencias resultan esclarecedores para la investigación de la masculinidad.
Nota para el lector, si se quiere emplear la siguiente información para fines acádemicos se recomienda revisar la fuente original en la web de la organización pública Desarrollo integral de la familia DIF del estado de Guanajuato, México: http://www.dif.guanajuato.gob.mx/masculinidad/jimena_silva_s.pdf

domingo, 4 de julio de 2010

Inmigración Internacional en la región de Antofagasta. Opinión de la población residente en las ciudades de Antofagasta, Calama y San Pedro de Atacama sobre la inmigración en la región

MANUEL CÁRDENAS C., SUSAN YAÑEZ Y., FABIOLA GÓMEZ O. y LEYLA MÉNDEZ C.

PRESENTACIÓN

El Centro de Atención Psicosocial a Inmigrantes Ignacio Martín-Baró (CAI) presenta el informe “Opinión de la Población Residente en la Ciudades de Antofagasta, Calama y San Pedro de Atacama Sobre la Inmigración en la Región”, cuyos datos fueron recogidos durante el año 2009.

Se trata del primer informe del CAI publicado para la región y con datos obtenidos de una muestra representativa de las ciudades incluidas en el mismo. Con él se busca aportar con material que contribuya a la reflexión sobre los desafíos que enfrenta nuestra región para alcanzar una adecuada convivencia entre grupos y contribuir a la integración de las personas extranjeras que vienen a vivir a nuestra zona. Adicionalmente, este estudio pretende aportar al desarrollo de la convivencia intercultural y la formulación de políticas públicas que contengan el prejuicio y la discriminación hacia las minorías étnicas.

Este primer informe se centra en la percepción de la población sobre el número de personas que ha llegado a nuestra región proveniente desde el extranjero, así como sobre la sobrecarga que éstos pudiesen ejercen en algunos servicios públicos. Adicionalmente, se consulta sobre el grado de contacto e intimidad mantenido con ellos, sobre los derechos de las personas inmigrantes, su poder relativo, así como de aspectos culturales, laborales y sanitarios. Por otra parte, en esta encuesta hemos considerado pertinente incluir algunas preguntas sobre las mujeres inmigrantes, dada la progresiva feminización del fenómeno (INE 2002; CASEN, 2006).

Los cambios producidos en nuestra región en los últimos años nos sitúan ante un escenario nuevo e inédito, donde el fenómeno migratorio pasa a ser un tema emergente y de alta relevancia social. Podemos observar cada vez un mayor número de titulares en los medios de prensa referidos a este asunto, así como una creciente percepción de amenaza por parte de las poblaciones residentes en las zonas de recepción. Todo ello sin que existan cifras oficiales que avalen dicha sensación, pero reconociendo la mayor visibilidad que esta población tiene dado el uso frecuente que hace de los espacios públicos. Los datos disponibles nos
informan de la presencia de poco más de 290 mil personas nacidas en el extranjero que residen en Chile (1.8% de la población total), compuesta principalmente por inmigrantes provenientes de países sudamericanos: Perú (28.6%), Argentina (20.5%), Bolivia (6.9%), Ecuador (5%) y  Colombia (3.1%).

En términos generales estas cifras siguen siendo significativamente más bajas que las de chilenos residentes en el extranjero, más de 481 mil personas sin contar sus hijos (en conjunto representarían el 5.6% de la población nacional), según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores (2005). Es decir, el balance sigue situando a Chile como un País de emigrantes más que receptor de inmigración.

En lo referido a nuestra región, los datos disponibles (CASEN, 2006) informan de la presencia de 10.157 personas extranjeras en la región de Antofagasta (que equivalen tan sólo al 3.5% del total de inmigrantes del país), correspondientes principalmente a inmigrantes de origen regional (Perú, Bolivia, Argentina y Colombia, principalmente).

Este nuevo escenario de mayor visibilidad de los grupos minoritarios pertenecientes a la población inmigrante y de mayor preocupación por parte de la población de la zona de recepción, ha generado tensiones que pueden llegar a tomar la forma de prejuicio y discriminación hacia dichas minorías. Existe, además, una serie
de estudios que dan cuentan de dicho fenómeno (Cárdenas 2006, 2010), así como de los efectos del mismo sobre la calidad de vida de la población inmigrantes en nuestra región (Yañez, 2009; Yañez y Cárdenas, 2010) y sobre sus modos de adaptación e integración a la sociedad de recepción.

Otro rasgo relevante para el análisis de la inmigración regional es su progresiva feminización. Según los más recientes datos ya el 55% de la población inmigrante son mujeres, las que generalmente viajan solas pero que dejan personas a su cargo en su país de origen. Ellas viajan primero, dada su mayor facilidad para incorporarse al mercado laboral formal (que en nuestra zona se encuentra altamente segregado).
Las principales categorías de inserción laboral para estas mujeres son: “empleadas u obreras” (48%), “servicio doméstico” puertas adentro (13%) y puertas afuera (21%) y “trabajadoras independientes” (13%). Sólo un 4% de las mujeres inmigrantes son empleadoras de otras personas (generalmente inmigrantes). Esta creciente feminización, nos ha impulsado a agregar algunas  preguntas desagregadas para el grupo de mujeres.

La necesidad de estudios sobre la población inmigrante, su calidad de vida y la forma de sus vínculos con la población de recepción resulta sumamente importante, dado sus efectos sobre dichos grupos, pero sobre todo, dado sus efectos sobre el cuerpo social. Este vínculo puede describirse como conflictivo, y los actuales patrones de aculturación nos hablan de la existencia de grupos que cada día más viven en nuestra ciudad pero no mantienen contacto con la población de recepción. Este hecho puede ser fuente de serios conflictos si no somos capaces de abordar seriamente este tema ahora que ciertamente es posible hacerlo.

Esperamos que este material sea tomado como un punto de partida para una necesaria conversación acerca de las mejores formas de hacernos cargo de las modalidades de convivencia que propiciamos con nuestras acciones, así como acerca de las maneras de potenciar la calidad de vida y el bienestar de la población, tanto inmigrante como nacional. Es decir, se trata de cómo nos vamos transformando progresivamente desde una sociedad de recepción a una de acogida.

Deseamos agradecer a todas las personas e instituciones involucradas en las diferentes fases del trabajo que ahora presentamos, las cuales colaboraron desinteresadamente para hacerlo posible. A los voluntarios del CAI, a los profesionales de las organizaciones amigas, a los colegas de la Facultad de Humanidades y a todos quienes aportaron con sus comentarios y sugerencias durante el proceso de investigación. Nuestro particular agradecimiento al Fondo de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT) por su ayuda, mediante la concesión del proyecto 11070096, que nos ha permitido recabar una amplia base de datos empírica como parte de las actividades de dicho proyecto.

Finalmente, queremos expresar nuestro particular agradecimiento al Decano de la Facultad de Humanidades, Dr. Jaime Barrientos D., por su constante apoyo a las actividades del CAI, el cual refleja su profunda convicción en que se trata de un esfuerzo relevante en el que vale la pena comprometer los esfuerzos de una unidad académica y disponer de un equipo especializado para hacerse cargo de este tema de tanta relevancia regional. Del mismo modo, queremos expresar nuestro agradecimiento a la Secretaria Académica de nuestra Unidad, Sra. Paula Contreras G., y al Director de la Escuela de Psicología, Sr. Emilio Ricci A., por su constante apoyo en las tareas que desempeñamos, por su confianza en que merece la pena apostar por una nueva forma de hacer Universidad, más social, estrechamente vinculada con la comunidad y al servicio de las necesidades de ésta.

Manuel Cárdenas Castro
Director Centro de Atención Psicosocial a
Inmigrantes (CAI)
Escuela de Psicología
Universidad Católica del Norte



Nota para el lector: si se quiere emplear la siguiente información para fines acádemicos se recomienda revisar la fuente original en el link:

viernes, 2 de julio de 2010

Construcción de la ciudadanía sexual. De sujeto sujetado a agente de cambio

Construction of sexual citizenship. From a subjected subject to an agent of changes

Por Clive Echagüe Alfaro y Jimena Silva Segovia *


Resumen

El núcleo de interés de este artículo, se ubica en las actitudes homofóbicas manifestadas en algunos sectores de la sociedad chilena. Éstas se analizan a través del caso de dos funcionarios de Carabineros de Chile, uniformados que fueron discriminados y presionados para renunciar a sus cargos por su orientación sexual. A nivel teórico, se pretende comprender la formación del sujeto masculino en esta institución, además cómo la institucionalidad es capaz de moldear la identidad sexual o de género. Para ello, se considera el estudio de las figuras simbólicas de masculinidad y virilidad, las cuales se articulan como comportamientos impuestos al género masculino, a partir de la socialización primaria hasta la institucionalización. Con este caso se puede ilustrar la circulación del poder institucional adscrita al discurso normalizador que penetra los procesos identitarios. En las conclusiones se exponen las vicisitudes que estos dos funcionarios, sujetos a los mandatos institucionales, logran emerger como agentes, empoderándose de derechos y obteniendo el reconocimiento de su elección de género, desbordando el poder y la censura de la organización.

Abstract
The cornerstone of this article are the homophobic attitudes noticed in some sectors of the Chilean society. Which, is analyzed in a case of two chilean Police man. Both officers were forced to quit their jobs because of their sexuality. On a theoretical view, it’s a main objective is to raise masculine workers in these institution (Carabineros de Chile). As well as, the institution is able to raise gender and sexuality. This, its considered, the study of masculine and virile symbols, which are behaviours established in the former socialization to the institutionalization. In this case, the institutional circulation of power can be illustrated,this one is inscripted in the normaliztion disscurse that takes over the identity processes. In the summaries are exposed the visceral situations, both officers are exposed to in the institution, which provoces facts to decrease their rights.They achive their sexuality rights recognizement overflowing the power and institutional censorschip.

Introducción

Desde la década de los años ochenta que las organizaciones de diversidad sexual vienen luchando por los derechos humanos de las minorías sexuales. Estos movimientos sociales, se han traducido en algunos avances legales como la derogación del artículo 365 del Código Penal chileno que penalizaba con cárcel las relaciones consentidas entre dos personas adultas del mismo sexo. Sin embargo, la violencia que se ejerce sobre hombres y mujeres, lesbianas, gays, transgéneros y bisexuales, se sigue registrando en los distintos medios de comunicación. Expresiones de dicha violencia, se visibilizan año tras año, como el incendio provocado en la discoteque “Divine” de Valparaíso en el año 1993, donde hubo casi una veintena de muertos (La Nación, 2006). Resaltan, además, la golpiza recibida por un travesti en la capital, el 19 de junio de 2004 (Opus Gay, 2004) y el ataque realizado por grupos neo-nazis contra un joven trabajador en el barrio El Golf (La Nación, 2006), entre tantos otros. Cabe destacar que desde 2002 a la fecha se han registrado más de 40 casos de personas transgéneros asesinadas, además de muertes que no han salido a la luz pública (Opus Gay, 2007), y denunciados por organizaciones de defensa de los derechos de las minorías sexuales. Es así como la violencia hacia esta población traspasa desde lo individual hacia lo institucional público de nuestro país. Es el caso que se expone en este ensayo: la controversial expulsión de dos funcionarios de Carabineros de Chile por su condición homosexual. Este hecho acaparó la atención de todos los medios de comunicación a nivel nacional. A lo largo de este trabajo, se pretende dar respuesta a la siguiente interrogante: ¿cuáles son las consecuencias de las tensiones de género de la sociedad chilena que se reflejan en la institución Carabineros de Chile?
Para responder esta pregunta, se trabajará desde una perspectiva socio construccionista y de género, que permita aproximarnos a la problemática central, desde los mecanismos del poder discursivo normalizador. Aproximación que sitúa la exclusión como núcleo central y la homofobia como su consecuencia. De esta manera, se quiere visibilizar la capacidad de agencia de los suboficiales denunciantes y exponer cómo esta confrontación con el sistema de hegemonía masculina imperante en la institución, se tensiona hasta vencer el silencio impuesto, resquebrajando una censura rígida y opresiva.
Masculinidad ofendida: exclusión y homofobia
Este trabajo intenta aportar a la defensa de los derechos humanos, en el sentido de vencer los discursos dominantes, sobre lo considerado normal y anormal; discursiva de base que forja los dispositivos de la exclusión hacia las minorías sexuales, la cual se instala en el imaginario social, alimentando la homofobia y generando violencia social. Las actitudes de discriminación contra las personas homosexuales, se han descrito de diversos modos durante los últimos 40 años. En 1972, el psicólogo George Weinberg publicó “La Sociedad y el Homosexual Sano” e introdujo un término que era nuevo para la mayor parte de los detractores, conocido desde entonces como homofobia. Con esta palabra, Weinberg claramente desafiaba el anquilosado pensamiento acerca del “problema” de la homosexualidad” (Herek, 2004:7).
Primeramente la homofobia fue entendida como “el miedo a estar con un homosexual en un cuarto cerrado” (Weinberg,1972 citado en Tin, 2003:35). Este concepto es bastante pobre, tomando en cuenta que el miedo es una emoción construida a propósito de la socialización, que crea imágenes aterrorizantes sobre ciertos eventos o personas. Mucho más explicativa resulta la definición del sociólogo Wetlzer–Lang (citado en Tin, 2003:125). Éste sugiere que la homofobia es la reacción “de modo más extenso, de la denigración sobre los hombres de cualidades consideradas femeninas y, en cierta medida, de las cualidades consideradas masculinas en las mujeres”. Además, se describen los distintos subtipos de homofobia como: “la homofobia particular”, ejercida contra gays y lesbianas, y la “homofobia general”, que toma forma social a propósito de la construcción y jerarquización de los géneros masculino y femenino” (Wetlzer-Lang citado en Tin, 2003:126). Estas definiciones dan cuenta de discursos que se han ido generando desde las distintas instituciones normalizadoras como la escuela, la familia, la milicia, entre otras. Discursos que circulan difundiendo contenidos sobre el bien y el mal, la moral, y ciertos valores dominantes al género masculino como, por ejemplo, la valentía y el coraje, la conquista de las mujeres, etc.
En los íconos de la masculinidad chilena, a nivel sociocultural e histórico, se pueden ilustrar figuras productos del discurso como el mapuche (figura guerrera y valiente), el huaso (figura masculina y llena de coraje), el “calichero de las pampas” (mujeriego y resistente), el minero (fuerte, trabajador, esforzado, sustento del hogar). Representaciones contenidas en el imaginario nacional, que supondrían una construcción de figura masculina, predominante en las raíces de la identidad chilena. En este escenario, se podría pensar que la sociedad nacional sentiría cierto temor y rechazo a la homosexualidad, a propósito de algunos comportamientos que pusieran en cuestión las figuras de virilidad del hombre, base de la familia; aquellas expresiones ligadas a lo femenino, débil y amanerado.
En el estudio estadístico realizado por psicólogos sociales, en el año 2008, con estudiantes universitarios, “Actitudes explícitas e implícitas hacia los homosexuales en Chile”, Cárdenas, Barrientos y Parra, midieron actitudes homofóbicas en una muestra de 73 hombres y 44 mujeres heterosexuales, de 17 a 25 años. Sus resultados revelaron que los hombres heterosexuales desarrollaban más prejuicios implícitos que las mujeres. Además, dieron a conocer que los prejuicios hacia los homosexuales no solo son explícitos, sino que también existen formas implícitas de discriminación hacia ellos. Estas actitudes también podrían ser comprendidas por la socialización de género, concebido como una norma internalizada desde los discursos dominantes sobre el ser hombre y mujer (Butler, 2006). Normativas socioculturales basadas en la sobrevalorización y prestigio de las cualidades consideradas masculinas y la desvalorización de las cualidades estimadas femeninas.
Estos y otros estudios dan cuenta que la homofobia se encuentra presente en los comportamientos sociales en Chile (FLACSO, 2001, 2002; Barrientos, 2005) y que en la actualidad esta forma de discriminación se refleja la mayor parte de las veces, a través de actitudes inconscientes, implícitas y automáticas. Además de modos más elaborados y sutiles, que en el pasado (Cárdenas et al, 2008). Estos hallazgos contribuyen a entender que si culturalmente la sociedad chilena, mantiene un comportamiento discriminador hacia los homosexuales, también se pueden encontrar en las instituciones. Más aún, en una forjadora de masculinidad hegemónica como Carabineros de Chile, entidad basada en un orden vertical y jerárquico que funciona a través de la obediencia escalonada.
El año 2007 se dio a conocer públicamente, a través de los medios de comunicación, el caso de dos carabineros homosexuales excluidos de la institución. En el mismo periodo, otro funcionario retirado afirmó haber vivido la misma experiencia el año 2002 (La Nación, 2007). En ese caso, las autoridades policiales al conocer su opción sexual, le presionaron a abandonar la entidad. Es conocido públicamente que al interior de Carabineros, se organizó un montaje que lo involucraba con drogas y narcotráfico; movimiento interno de la institución que garantiza su exclusión, no por su condición sexual, sino por violaciones al reglamento interno de la institución. Además, se dieron a conocer casos similares de homofobia policial como los de E.A.V.S y Manuel Rojas, junto a su pareja gendarme y la del ex subcomisario de Investigaciones, César Contreras. Es sabido que en ningún artículo del reglamento se estipula una sanción por homosexualidad en sus funcionarios.
En este artículo se estudiará el caso de los dos funcionarios que denuncian públicamente el año 2007.
Antecedentes del caso: “retiro voluntario”
El 10 de octubre del año 2007, el MOVILH (Movimiento de Integración y Liberación Homosexual) anunció por la prensa escrita y la televisión nacional que acusaría de discriminación a Carabineros de Chile, por la expulsión de dos funcionarios gays bajo presiones y acoso moral (La Nación, 2007). La organización dio a conocer la noticia, luego que estos uniformados fueran obligados a firmar su baja, determinación adoptada luego que se supiera que los funcionarios mantenían una relación amorosa de más de un año. La institución argumentaba que los policías habían firmado el acta voluntariamente. Esta denuncia causó revuelo nacional. El caso fue llevado a la Comisión de Derechos Humanos del Congreso Nacional. Los dos ex carabineros, Víctor Ricardo Rivas Pastrana (24), de la 11 Comisaría de Lo Espejo y Armando Esteban Salgado Jara (20), de la dotación de la 40 Comisaría de Fuerzas Especiales, ofrecieron su testimonio en distintos medios nacionales, a fin de informar sobre su experiencia de discriminación y homofobia, denunciando el 9 de octubre de 2007, a través del canal Chilevisión, que habían sido apartados de la institución (MOVILH, 2008)
Los afectados declararon haber sido amedrentados. “Ésta es una institución bien ‘machita’, le habían señalado sus superiores, para invisibilizar el problema. Además, para evitar que saliera a la luz pública, debía firmar la “baja voluntaria”, según lo declarado por el ex Carabinero Salgado al diario El Mercurio de Santiago, el 10 de octubre de 2007. En tanto la pareja de Salgado, el ex carabinero Rivas, fue amenazado con la divulgación de su vida privada y dar a conocer el asunto a su familia. Además, de la presión psicológica ejercida sobre él, ya que “le iría mal en la vida civil” y no podría “hacer nada fuera” de Carabineros, si esto se sabía (El Mercurio, 2007). Estos antecedentes, los decidieron a buscar ayuda legal para resguardar sus derechos y reincorporarse a la institución.
Marco de referencias teóricas
Para comprender el proceso reflexivo al que recurren los dos uniformados discriminados de Carabineros de Chile, partiremos desarrollando nociones como la formación del sujeto sujetado hasta llegar a una noción de agencia, que les permite accionar por su defensa y ampliación de derechos ciudadanos.
Formación del Sujeto
Sobre la formación del sujeto, Butler parte desde la noción de poder de Foucault, nombrando al poder como un ente ambivalente que tanto subordina como produce al sujeto. El poder no solo es condición de la existencia del sujeto, sino también una condición de su reflexibilidad, entendida como formación y funcionamiento de la conciencia. Para Butler, el momento de la formación de la conciencia se inaugura mediante una sumisión primaria al poder, que consiste en una dependencia sobre un discurso que inicia y sostiene su agencia (Butler, citada en Romano, 1999:315-316).En tanto, se puede apreciar como la institución ejerce y establece un poder previo, referido al discurso dominante, que produce y subordina a aquellos que deciden formar parte de un determinado grupo. Éste opera mediante un discurso que impone normas y un régimen de comportamiento. La institución está dotada de prácticas y normas sociales que no se pueden transgredir sin ser sancionados (Foucault, 2002), forjando de esta manera, emblemas y dogmas, que van sujetando a los miembros de éstas, imponiendo de manera implícita y explícita prácticas (dotadas desde el discurso) a través de las cuales, el sujeto va afirmando su condición como parte del grupo.Desde esta perspectiva, el sujeto va siendo sujetado a pautas de conciencia y reflexión específicas, acerca de cómo debería comportarse un hombre en los diversos escenarios sociales: la casa, la escuela, la pareja, la familia, las instituciones. En Carabineros de Chile este discurso se magnifica, idealizando la figura del “carabinero ideal”, (“un amigo en tu camino”) figura que se instala en el imaginario de la población y al interior de la misma institución con ciertos rasgos. Estos se caracterizan por esperar del carabinero un hombre protector, fuerte, dominante, valiente, intachable, infalible, entre otras características.
Los dos uniformados, al romper con lo establecido institucional y socialmente, con su opción sexual, transgreden las sujeciones y deben enfrentar la exclusión y, en el proceso por defender sus derechos, va emergiendo la agencia en ellos. Desde esta perspectiva, para que el sujeto emerja agente, debe establecerse una relación con el poder institucional, a través del cual son sujetados e intentan forjar su individuación (Foucault, 2002). El sujeto buscará desentrañarse, adquiriendo el sentido del “yo” por medio de esta misma relación. Desde la propuesta de Butler (1993) y Haraway (1995), el término agencia se aplica para comprender las transformaciones subjetivas, fundamentalmente por cuatro razones: 1) Porque nos permite entender la capacidad de actuar (agencia) no como propiedad individual, sino como posibilidad (poder hacer) compartida. Esto implica vincular la capacidad de acción con una concepción relacional del poder; y no entender ésta como un volumen de almacenamiento propiedad de un sujeto-agente. 2) Porque nos permite entender la acción como mediación entre flujos de acciones y vincular esta mediación al compromiso ético-político con una ubicación en el espacio social determinada -frente a las concepciones objetivistas de la acción que pretenden hablar desde ninguna parte (Haraway, 1995). 3) Porque nos permite incorporar la noción de responsabilidad como construcción semiótica y material de una entidad, acontecimiento o práctica como elemento dinamizador de la acción. 4) Porque subvirtiendo la distinción entre sujeto y estructura nos permite entender la capacidad de actuar como capacidad de generar conexiones entre entidades y procesos heterogéneos (Ema, 2004:14). De esta manera, luego de haber sido sujetados en una dependencia primaria con la institución, los dos carabineros generan una dinámica de negación de esta sujeción, con el fin de afirmar e identificarse como un “Yo” homosexual agente. Esto explicaría la ruptura que se produce con los emblemas propios de Carabineros de Chile como institución. Ésta forma a “sus sujetos”, subjetivándolos con el discurso que impone un “ideal ser carabinero”, toda vez que la homosexualidad se tipifica como una trasgresión de los valores tradicionales de la familia y la sociedad, en el discurso hegemónico heterosexual dominante. Así se puede observar en parte de su misión que dice: “Los valores que constituyen el pensar, sentir y actuar de Carabineros de Chile, son la fuente desde donde emanan las virtudes cardinales que desde siempre han acompañado a sus integrantes y desde las cuales cada hombre y mujer carabinero, potencia e impulsa su diario bregar. Éstos son: Prudencia, justicia, templanza, fortaleza, dignidad humana, protección de la vida, principio de proporcionalidad, secreto profesional, honestidad profesional, imparcialidad profesional, lealtad a la misión, y honor de Carabinero”.(…) “Ser una Institución integrada con la comunidad, que cuida de los suyos y se esmera en entregar un servicio de calidad, que la legitima y la hace requerida por la sociedad”. (http://www.carabineros.cl/).
Identidad sexual y de género
Siguiendo con el análisis sobre la homosexualidad, desde una perspectiva de la construcción de la identidad de género, éste es el mecanismo a través del cual se producen y se naturalizan las nociones de lo masculino y lo femenino, pero el género bien podría ser el dispositivo a través del cual dichos términos se desconstruyen y se desnaturalizan. De hecho puede ser que el mismo dispositivo que trata de instaurar la norma, funcione también para socavar esa misma instauración, que esta sea incompleta por definición (Butler, 2006:70).Además, Butler sostiene que el género es una norma, entendiendo ésta como un ente que opera dentro de las prácticas sociales, como el estándar implícito de la normalización. Las normas pueden ser explicitas; sin embargo, cuando funcionan como principio normalizador de la práctica social a menudo permanecen implícitas (esto viene a reafirmar los hallazgos realizados por Cárdenas, et al, 2008). La norma rige la transparencia, permite que ciertos tipos de relaciones sean reconocibles como tales, imponiendo una legibilidad sobre lo social y definiendo los parámetros de lo que aparecerá y lo que no, dentro de la esfera social (Butler, 2006). De esta manera, el sujeto espera, un estilo de comportamiento o una lectura de comportamiento sobre otro sujeto. Por ejemplo, un hombre sabría como tratar a otros en términos de distanciamientos. Bajo estos términos de distanciamiento, se espera que el otro actúe de determinada forma, de manera de recibir, por ejemplo, un abrazo con palmoteos en vez de un beso en la boca, lo que sería un código y una norma que el sujeto espera del otro.
Carabineros de Chile, como cualquier otra entidad que responde al discurso normalizador, de manera implícita adquiere las normas que conllevan el ser parte del género masculino. Esta adquisición hace posible que las acciones y las prácticas llevadas a cabo por ambos funcionarios sean legibles en la esfera social y dentro de su misma institución. En cierto modo, es la transparencia del género lo que los hace inteligibles a otros sujetos. Así se conciben relaciones más amplias y seguras en el proceso de socialización, incluyendo una serie de dispositivos tales como “el respeto a la institución” por parte de la comunidad, aunque no sea siempre de manera recíproca.


El mecanismo normativo del género naturaliza de cierta forma lo femenino y masculino, instaurándolos como señal determinante en los funcionarios, resaltando actitudes, orientación sexual; en definitiva; comportamientos que responden a las figuras varoniles. A su vez aprecia como se desconstruye y se rompe la normativa establecida, a través de un nuevo género: el “genero homosexual”. Según Wittig este tercer género promete trascender la restricción binaria del sexo impuesta por el sistema heterosexual obligatorio (Wittig, citado en Butler, 2001), fundamento de los discursos que responden a la base de la sociedad, la familia.
La identidad sexual está culturalmente construida como el género; tal vez siempre lo fue, con la consecuencia de que la distinción entre sexo y género existe como tal, entonces no tendría sentido definir el género como la interpretación cultural del sexo, si este es ya de suyo una categoría dotada de género. No debería concebirse el género sólo como la inscripción cultural del significado en un sexo predeterminado (concepto jurídico); también debe designar el dispositivo mismo, la producción mediante la cual se establecen los sexos entre sí. Como resultado, el género no hace a la cultura lo que el sexo es a la naturaleza; el género también es el género discursivo/cultural mediante el cual la naturaleza (naturaleza asexuada, “o un sexo natural”) se produce o establece como “prediscursivo”, previa a la cultura; una superficie políticamente neutral, sobre la cual actúa la cultura (Butler, 2001; pag 40).
El género culturalmente se podría interpretar como la noción de sexo, un imaginario que no concibe un tercer género. Es decir, las características son atribuidas a hombre-mujer por características de género y de sexo por iguales, como si el sexo dotado del género deviniera desde la naturaleza o de las supuestas leyes naturales. Podría decirse que estas características del sexo-género, son la base para la integibilidad de los sujetos y de la socialización, la normatización del género. De esta manera, se va generando la censura de la homosexualidad en las instituciones militares o policiales (Butler, 1997:217). Es de este modo cómo se van demarcando las diferencias entre sexos instaurando el sexismo y casi confundiendo este término con la masculinidad. Los sujetos van formando su identidad sexual o de género concibiendo estas dos como lo mismo, sin distinguir entre el género y el sexo. Hay sujetos que sin duda lo hacen, es el caso del travestismo, del transformismo, la homosexualidad, en donde los sujetos son capaces de separar género/sexo, género quizás como una alternativa u opción sexual, y sexo como el órgano sexual o el aparataje biológico al cual responden.
Asimismo, en las instituciones estas generalidades son interpretadas de tal manera, que van construyendo una base de sustento en lo legal, lo médico y en “lo natural”, siendo el gran sustento para esta concepción binaria del género, los principios de la sociedad, aún muy afiatado a los discursos públicos y privados de nuestra cultura. De esta manera, se articulan ciertas “facultades” que solo uno de los sexos puede cumplir, ¿Por qué una mujer no puede ser obrera?, ¿o taxista? Hoy se puede ver en el escenario social, pero hay organizaciones conservadoras de un discurso moderno, que no lo conciben y, por tanto, condenan estas prácticas. Ahora bien, con la entrada de la mujer a estos campos laborales se desborda y deshace lo que culturalmente hace al sexo. Se atribuyen características o trabajos solo para hombres en labores hechas ahora también por mujeres, asimismo como hay hombres que realizan actividades que deberían efectuar sólo mujeres, como es el caso de los primeros educadores de párvulos o estilistas.
La agencia de los dos ex uniformados permite cuestionar públicamente el accionar de Carabineros de Chile, por aplicar las concepciones binarias de género, imponiendo su concepto de masculinidad y respondiendo al sexismo imperante en la sociedad chilena. Se requiere la tarea de repensar las normativas institucionales, que contribuyan a la ampliación y modernización de las mentalidades, incorporando en el imaginario de Carabineros, la diversidad sexual que no excluye la eficiencia y efectividad del rol. Los ex funcionarios Rivas y Salgado son, sin duda alguna, claro ejemplo de esta modernización. Incluso el Presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, Sergio Aguiló, brindó su apoyo a los afectados declarando: “Estamos hablando de funcionarios jóvenes, muy bien calificados, de conducta intachable; son funcionarios con una gran vocación. Se detectó que estos funcionarios tenían una orientación homosexual y en base a aquello se les condenó y presionó para que ellos abandonaran voluntariamente la institución” (http://www.asociatividad.cl/).
Las construcciones sociales del género: masculinidad y virilidad
Dentro del lenguaje, el concepto ‘masculino’ no sólo nombra a uno de los sexos, sino que es un constructo pensado para identificar en lo humano, la razón (masculina). Ésta se valida en tanto es falocrática, dividiendo los dos sexos. De este modo, masculino asociado a hombre se entiende, en palabras de Ibáñez como “el término ‘hombre’ designado a la mayoría dominante y a la ley de la dominación: los hombres se dividen en hombres y mujeres. La intersección entre ambos conjuntos es vacía (los homosexuales son excluidos del escenario social) (Ibañez citado en Rodríguez, 2001:2). De esta manera, todo aquello que no esté inserto en el conjunto hombres o en el conjunto mujeres, no se reconoce como existente, es nulo.
Ser masculino apunta no solo a sexo, a “tener pene”, sino a una serie de características de género, a propósito de las concepciones heterosexuales y binarias del género, que denotan la virilidad. El hombre debe ser fuerte, grande, fornido. Así, física y psíquicamente, el ser masculino ubica al hombre en una jerarquía de mayor prestigio. A través de esta jerarquía, el hombre está situado socioculturalmente, más arriba que la mujer. Respecto a las jerarquías sociales, desde la primera institución como la familia, “el padre de familia” siempre está de alguna manera situado como el cabecilla de un sistema. Desde las concepciones bíblicas. el hombre y la mujer están en un orden: primero el hombre y luego la mujer. Estos discursos se han ido internalizando, producto de la colonización en un primer momento y luego la cristianización de los habitantes de Latinoamérica. Entonces estos discursos constituyen al género y al sexo socioculturalmente, forjando desigualdades entre los mismos. En Carabineros de Chile, por ejemplo, existen estas relaciones de jerarquía y mandato vertical, características institucionales que denotan la concepción binaria del género y la masculinidad, que son la base de sustento en la institución. Su himno, por ejemplo, expresa: “duerme tranquila, niña inocente/ sin preocuparte del bandolero,/que por tu sueño dulce y sonriente/ vela tu amante carabinero” (http://www.carabineros.cl/).
Particularmente esta estrofa alude a la figura protectora que se instala en el imaginario social sobre los miembros de esta institución, de una manera masculina. “Carabinero” en jerarquía de protección y vulnerabilidad a “la niña inocente”, que ilustra la simbólica central levantada en torno a esta figura. Asimismo, por ese carácter protector construido en torno a sus funcionarios, se inviste toda la institución de emblemas de heroísmo, intrepidez, bravura, características asociadas simbólicamente al sexo masculino; por tanto, la institución misma se levanta como ícono falocentrado.
El ser masculino-heterosexual implica, de cierta manera, una simulación (Baudrillard, 2002). Esto se explica en el sentido de que el ser humano al ser socializado bajo ciertos patrones rígidos de comportamiento, incorpora pautas que se traducen en guiones para la acción en la vida social. Estos guiones se internalizan al interior de los grupos socializadores inscribiéndose desde el discurso hasta la práctica. Ser masculino en sociedades jerarquizadas y autoritarias se impregna de sexismo, marcando desigualdades respecto al sexo y al género. En el caso de instituciones como Carabineros de Chile, en donde la masculinidad es un aspecto intrínseco, propio de aquella institución, imponer “orden” es una actitud o un imaginario que sitúan a estos hombres en razones de poder “por sobre los demás”. Un carabinero es más que un ciudadano común y corriente; debe ser, entre otras exigencias, masculino y, por ende correcto, intachable ante los ojos de una sociedad heterosexual dominante. Se consuma así una normalidad dotada de masculinidad y, por tanto, del simulacro masculino que engendra la institución y que produce también a sus miembros. Dentro de este simulacro masculino, la intersección entre ambos sexos “hombre y mujer”, masculino y femenino a la vez, un homosexual sería en este sentido, inadmisible (Rodríguez, 2001). El papel que puede cumplir un homosexual puede ser mirado desde las perspectivas masculinas, como una manera de intersección entre ambos sexos. En un sentido más simple, porque es un hombre que gusta de otros hombres y, por supuesto, ese es un comportamiento esperado en las mujeres.
Si un hombre es capaz de intersectar ambas funciones, masculinas y femeninas, es nulo e inteligible (Ibáñez citado en Rodríguez, 2001). Entonces, según estos postulados, en una institución como Carabineros de Chile ser homosexual y mantenerse en sus filas es una transgresión institucional, que amerita sanción ejemplificadora. Más aún, lo será hacer pareja al interior de la institución. Esta opción resulta un grave quebrantamiento de la base valórica y moral que sostiene la masculinidad hegemónica de Carabineros, al fragilizar el edificio normativo públicamente. Desde la perspectiva institucional, ésta se vería desvalorizada ante los ojos de la sociedad. Esta figura se ilustra en el discurso de:
El mayor Muñoz repitió la pregunta, pero esta vez indagó en su relación con Salgado. Rivas negó todo. La respuesta de Muñoz a las negativas fue dura: “Ya sabís ya, poh, firma tu baja voluntaria, si no te vai a ir por la puerta chica. Te va a ir mal en la vida civil, le vamos a contar a tu familia. La Dipolcar [Dirección de Inteligencia Policial de Carabineros] los investigó, tenemos pruebas, no me hagas abrir las carpetas” (Testimonio de ex carabinero Rivas, La Nación 14 de Octubre, 2007).
Como resultado de esta tensión entre la ampliación de las prácticas afectivas y sexuales de sus miembros y el orden interno e imaginado por sus representantes y la sociedad misma, los carabineros transgresores deberían salir de la institución. Se les expulsa, porque se ubican precisamente en ese punto de lo vacío, nulo, entre lo masculino y lo femenino. Simbólicamente se les niega realidad y existencia. Se les censura por hacer pública esta diferencia, quedando expuesta la homofobia como formas de respuesta, frente a lo aterrorizador que resulta lo “otro”, diferente o desconocido. La homosexualidad como una de las expresiones humanas que amenazan la regulación y normalización institucional a la que se someten sus autoridades y sus miembros. Esto demostraría que las instituciones policiales operan con cuotas de un poder instituido, como diría Castoriadis (1989) el que les ofrece continuidad a lo largo de la historia. Estos dos carabineros vendrían a ejercer otro poder instituyente, que es el que genera cambios, el que produce transformaciones, remece las estructuras generando desequilibrios. Poderes que hacen avanzar a las sociedades, que las flexibilizan abriéndose a nuevos discursos, nuevos lenguajes y nuevas prácticas.
El poder, el discurso normalizador y la censura
Como se ha explicado anteriormente, la homosexualidad es condenada por la institución a través de estos dos carabineros obligados a renunciar. Aquí situaremos el núcleo del problema: el sujeto anómalo que emerge como un monstruo, sujeto homosexual que correspondería, según Foucault (2001:61), al “monstruo sexual”, práctica considerada por la sociedad de tradiciones como una desviación, una malformación en el género o una enfermedad.
Me quitaron todo: mi uniforme, mi tica, mi placa. Me estaban echando como si fuera un delincuente. (Testimonio del ex uniformado Salgado en La Nación, 14 de Octubre de 2007) Según ese enfoque, que ha sido cuestionado por las convenciones de defensa de las minorías sexuales, resulta una violación a los derechos humanos, toda vez que estos sujetos cumplían con las exigencias reglamentarias de su función. Sin embargo, para una institución como Carabineros de Chile, esto es claramente inaceptable.
Rivas en un comunicado a la Radio Cooperativa el 11 de octubre del 2007 señaló: “nunca dimos que hablar, ni manchamos el uniforme (…) siempre mantuvimos en reserva nuestra relación”. Estos mecanismos de censura que operan entre los militares, están implicados en la eliminación de figuras como la homosexualidad por atentar contra las normas que gobiernan la masculinidad del sujeto militar masculino y femenino. Es posible pensar que el rechazo a la homosexualidad en el ámbito militar, responda a la idea de evitar el debilitamiento de la fuerza, cohesión y unidad, atribuida imaginariamente a la heterosexualidad como verdad imperante. Estos debates han sido ampliamente conocidos ya en Estados Unidos en los años 70’s, a propósito de la constante persecución de militares hombres y mujeres homosexuales. La “salida del closet” y la defensa de su derecho a pertenecer a instituciones uniformadas a nivel legal, logró la promulgación de políticas públicas implícitas de género y comportamiento sexual que favorecieron su permanencia y reinserción (Butler, 1997:217). En Chile el escenario, al parecer, es totalmente distinto. Casos como estos, pocas veces han salido a la luz pública y no se ha logrado grandes beneficios en términos de derechos para la población militar.
Aceptar que dos integrantes declaren su opción homosexual, en las filas uniformadas, resulta una empresa difícil para la institución de Carabineros. Fundamentalmente, si se toma en cuenta cómo opera el imaginario social al interior y al exterior de los cuarteles y en la sociedad. Este caso pone a la ciudadanía de frente a la discriminación y homofobia, como fenómenos que no logran emerger de los esquemas rígidos de pensamiento de la sociedad chilena. Pareciera que no se logra expandir las herramientas reflexivas con que se cuenta, hasta lograr armonizar prácticas con discursos, desarrollando dinámicas relacionales que fluyan en sintonía con los tiempos actuales y los procesos de subjetivación humana, que han avanzado y se han diversificado. La velocidad de los cambios es mayor en comparación con la capacidad instalada en las/los ciudadanos para comprender la diversidad. Como mecanismo de defensa todo aquello que se visualiza diferente, es excluido del campo de aceptación; actitudes que van alimentando la homofobia y la intolerancia de estas expresiones humanas, convirtiéndolas en “tabúes”. Estos grupos que optan por la diversidad sexual son ubicados como anormales o, simplemente, parias de una sociedad en vías de transformación, que requiere revisar constantemente el tipo de democracia que construye.


Conclusiones

Desde la exclusión hacia una ciudadanía sexual. La defensa de los dos carabineros En síntesis, la novedad imposible va produciéndose a través de diversos acontecimientos que comienzan por un primer acto que se constituye con la expulsión de los uniformados al hacer pública su condición sexual. El segundo acto, lo compone la denuncia por discriminación y homofobia. El tercero, su constitución en agentes de la defensa de sus derechos hasta los acuerdos para la reparación.
Los sujetos que demandaron: Salgado y Rivas se reunieron con la Subsecretaría de Carabineros para solicitar garantías al gobierno. A través de esta gestión lograron un apoyo del movimiento de integración y liberación homosexual (MOVILH), exponiendo y denunciando con pruebas, atropellos a los derechos de seis ex uniformados, entre éstos un ex integrante de Investigaciones, otro de Gendarmería. Juntos buscaron ayuda y orientación en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Acciones que movilizaron a representantes de distintos estamentos del gobierno que manifestaron apoyo a su causa, algo trascendental para todos los sectores excluidos. La comisión pidió al Senado que aprobara en breve el proyecto de ley que establece medidas contra la discriminación, iniciativa que incluye a la “orientación sexual” y al “genero” como categorías protegidas, tras una lucha de 10 años liderada por el MOVIHL.
La agencia se logra ocupando los espacios públicos y los dispositivos de poder disponibles para la ampliación de la ciudadanía. Desde la denuncia inicial se produce un debate público sobre la homofobia policial, poniendo en el escenario un debate nunca visto desde la apertura a la democracia. Frente a estos acontecimientos, queda explícita la capacidad de agencia de los ex carabineros, ya que operan generando-subvirtiendo conexiones, actuando, conectando, desconectando y reconectando nuevos significados para su opción sexual y nuevas posibilidades de derechos ciudadanos, no sólo para ellos, sino para todo el colectivo de minoría sexual uniformada (Ema, 2004).
Su agencia les permita pasar de sujetos excluidos y discriminados hacia la construcción de protagonistas de sus alternativas de vida, que les facilita enfrentar o actuar la adversidad. En consecuencia, también, generaron nuevas subjetividades, se enriquecieron sus formas de pensar y actuar ante situaciones negativas. Su agencia ofrece perspectivas de cambio a otros ex miembros de Carabineros que habían sido sujetos de las mismas violaciones a sus derechos.
Con Foucault, sabemos que no existe sujeto-agente antes del poder, de tal manera que pueda ser coaccionado por éste. El poder está presente en las microfibras de las relaciones sociales y, en este caso, en el contexto de la institución de Carabineros, en los distintos niveles de las jerarquías, dependiendo de la capacidad de agencia de sus miembros.
Finalmente, como el acta de “renuncia voluntaria” ya estaba firmada, los dos funcionarios homosexuales debieron recomenzar sus vidas, ya no como carabineros sino como ciudadanos homosexuales: Frente a esta situación, el Ministerio de Educación les otorgó una beca para que pudiesen estudiar para así ejercer otra profesión, además de esperar que la justicia diera el pie para reintegrarse en la institución (El Mercurio de Santiago, 2007).
La agencia de estos dos ahora ciudadanos homosexuales, no quedó en la referida beca; con el apoyo del MOVILH y del abogado Alfredo Morgado, solicitaron la re integración a la institución el 3 de julio de 2008, haciendo referencia a que se respetaran las palabras del señor Bernales acerca de que Carabineros no discriminaba. En tanto, en el caso de otros funcionarios de instituciones policiales como el de César Contreras, quien envió su solicitud el 25 de marzo, aún no ha recibido respuesta, al igual que Rivas y Salgado, quienes han sufrido el peso de ser homosexuales en Chile y a la espera de lo que dictaminen las autoridades respecto a su situación.
En los debates públicos y legales, durante el 2007 no hubo ninguna autoridad en ejercicio de las Fuerzas Armadas o de Orden que relativizara el derecho de las minorías sexuales a ser parte de esas instituciones, tanto así que Carabineros se vio en la obligación de emitir declaraciones expresas sobre la materia, aún cuando se negaron las ilegítimas y comprobadas prácticas que se venían cursando para expulsar a quienes eran identificados como gays. Así, en el 2007 quedó claro para toda la ciudadanía que las minorías sexuales pueden ser parte de las Fuerzas Armadas y de Orden, y que además no existe ninguna normativa o principio ético o moral contrario a ello y de eso debieron en forma inédita dar garantías los Altos Mandos ante la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados (Informe MOVILH, 2007).

Notas y referencias
Este trabajo es el producto final de reflexiones teóricas logradas durante el curso de Psicología Social Contemporánea de la Carrera de Psicología de la Universidad Católica del Norte.

* Jimena Silva Segovia Psicóloga, Doctora en Antropología Sociocultural y Clive Echagüe Alfaro Estudiante de 4º año de Psicología, Universidad Católica del Norte.

Este articulo originalmente fue publicado en la Revista Tercer Milenio, de la escuela de periodismo de la Universidad Católica del Norte, Antofagasta, Chile.
http://www.tercermilenio.ucn.cl/tercer%20milenio%2017/art08.html


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El Mercurio de SantiagoMiércoles 10 de octubre de 2007. Movilh respalda carabineros alejados de la institución por ser homosexuales
Radio Universidad de Chile Jueves 11 de Octubre de 2007 Chile. Carabineros gay pidieron garantías al gobierno. http://www.radio.uchile.cl/notas.aspx?idNota=41435
Ex Carabineros homosexuales denuncian a la institución de discriminación. Lunes 27 de Octubre de 2007. http://www.asociatividad.cl/
Espinace. http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060527/pags/20060527174853.htmlLunes 31 de Julio del 2006 “Neonazis atacaron a joven gay en barrio El Golf”
Domingo 14 de Octubre de 2007 “El Destape de los Cuarteles” Beatriz Michell
Domingo 21 de Octubre de 2007 “Salgado y Rivas” Angel Carcavilla http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20071020/pags/20071020184911.html
Opus Gay Querella por Golpiza a transgénero por G.C. 19 de junio, 2004
www.opusgay.cl/1315/article-62720.htmlDenuncian golpiza a joven gay
Vienamita se jactó de quemar discoteca day en Valparaíso. http://www.opusgay.cl/1135/article-15319.html
El Mercurio de SantiagoMiércoles 10 de octubre de 2007. Movilh respalda carabineros alejados de la institución por ser homosexuales
Radio Universidad de ChileJueves 11 de Octubre de 2007 Chile. Carabineros gay pidieron garantías al gobierno. http://www.radio.uchile.cl/notas.aspx?idNota=41435
Ex Carabineros homosexuales denuncian a la institución de discriminación. Lunes 27 de Octubre de 2007. http://www.asociatividad.cl